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He aquí un libro que será crucificado por la crítica. Sin piedad. Lo machacarán. Conseguirán que en España no llegue a los puestos más altos de las listas de ventas (En Estados Unidos fue número uno, pero está cayendo deprisa). Y lamentablemente esos críticos tendrán motivos a los que agarrarse para sus reseñas.
Cell no es la mejor novela de Stephen King , cierto. Tal vez incluso sea de las menos inspiradas. Pero es una novela que sólo Stephen King podría haber escrito. Y es divertida. Es lo que los americanos llaman un page-turner, osea que no puedes dejar de leerla ni un minuto, porque comienza con el apocalipsis y a partir de ahí no da tregua. Pero extrañamente… ese formato en capítulos hiperbreves que acaban en alto (del tipo: “Eh, chicos, no os vais a creer lo que está pasando ahí fuera�, fin de página) produce cierta sensación de fórmula artificial que nunca se había visto antes en Stephen King, al menos de una forma tan descarada. Es absurdo pensar que el autor esté haciéndose vago o perdiendo el control de su escritura; todo lo contrario. Da la sensación de que ha tomado una decisión para esta novela y la lleva al límite: desprenderse de todo lo accesorio (flashbacks, diálogos irrelevantes, divagaciones y episodios poéticos), y quedarse sólo una línea argumental y un grupo de personajes tan reducido que podría considerarse como una especie de revisión minimalista de The Stand (Apocalipsis). Cell comienza con una doble dedicatoria: a Richard Matheson y George Romero. Que es una forma de decir al lector: prepárate, aquí va una de zombies. El hecho de que en sus páginas no haya zombies en sentido estricto (nadie resucita aquí, sólo se “transforma�) no impide que el relato funcione según el conocido esquema de estas películas: sobreviene el apocalipsis, hay supervivientes, se crea la resistencia, se prepara un enfrentamiento final…
La premisa fantástica es sencilla: “alguien� utiliza los teléfonos móviles para enviar una señal que convierte a las personas normales primero en dementes agresivos, y después en algo más escalofriante… Suponemos que es un apocalipsis a nivel planetario, pero en esta novela nunca abandonamos el punto de vista de su protagonista absoluto, el dibujante de comics Clayton Riddell, a quien el fin del mundo le pilla firmando un contrato en Boston, lejos de su hijo y de su exmujer. Y lo que nos importa aquí, por lo tanto, no es el reestablecimiento de la civilización sino la búsqueda de ese hijo y de esa mujer, de quienes Clayton sólo sabe dos cosas seguras: que ella no tiene teléfono móvil, y que su hijo suele olvidar el suyo en casa la mitad de las veces.
Es una buena idea para engancharnos desde el comienzo (y más escalofriante si cabe porque el recuerdo de holocaustos terroristas es todavía demasiado real en nuestras cabezas), y King la desarrolla con buen pulso y extrema sencillez narrativa. Sin embargo… Durante gran parte del relato da la sensación de que el escenario fantástico se sostiene con alfileres. King comienza a darles vueltas a los zombies, los hace cambiar, evolucionar… Es inevitable pensar que el autor improvisa en gran medida sobre la marcha (lo cual puede disimularse con una buena revisión, pero nunca por completo) y que está a punto de perderse en retruécanos sobrenaturales inconsistentes como ya le sucedió en otras novelas poco gloriosas: Insomnia, Tommyknockers, El cazador de sueños, Buick 8.
Tal vez por eso, porque se ha dado cuenta a tiempo de que navegaba sin brújula, ha preferido reducir esta novela a su mínima expresión argumental y estilística y presentarla como un simple divertimento gore.
Pero ojalá todos los divertimentos fueran como éste. Stephen King no sólo es un buen escritor, es un escritor valiente, y también un poco macarra, gracias a Dios. Nos daremos cuenta cuando decida cumplir su promesa de retirarse y nadie más se atreva a hacer lo que él hace.
Y además, ¿es que no estamos todos de acuerdo en que los teléfonos móviles son un invento diabólico?
Ismael Martinez
Category: reviews -- posted at: 4:29 PM
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